A John,
Amigo y maestro, quien perdura
entre nosotros a través de sus obras.
Teoría y Práctica de las Organizaciones; un diálogo entre John van Gigch y Charles François
JvG. La Teoría General
aplicada de los sistemas se refiere al paradigma de sistemas propuesto por una
corriente de pensamiento cuyo objetivo es el estudio de los problemas complejos
característicos de nuestro mundo contemporáneo.
Soy pesimista, porque piendo que
no estamos resolviendo de manera satisfactoria los problemas que nos aquejan. Todas las soluciones que se aplican son a
corto plazo y llevan a nuevas dificultades, generalmente más graves y
extensas. Necesitamos nuevas maneras de
encarar los problemas. El mundo se
encuentra en un estado amenazante de caos y esto se debe a las fallas de
nuestros razonamientos científicos.
CF. Estoy de acuerdo. Pienso además que lo peor es que mucha gente
cree que, sin duda alguna, la ciencia soluciona o solucionará todos los
problemas.
Cree asimismo que la ciencia tiene
un método definitivo completo y general.
Como lo expresa Fourastié, nuestro
problema es “la ignorancia de la ignorancia” (ignorar que uno ignora). Esta
creencia de que se sabe cómo resolver todos los problemas, que no es más que
una cuestión de tiempo y de medios, lleva a un bloqueo del pensamiento.
En semejante situación, qué
propones?
JvG. Justamente, el paradigma de
sistemas trata de superar algunos de los problemas que surgen a raíz del uso
del método científico tradicional, heredado del racionalismo, modificado por el
empirismo y que llevó a la manera moderna de desarrollar la investigación
científica con un método semi-experimental.
No estamos todavía seguros que la
deducción sea mejor que la inducción o la confirmación mejor que la
refutación. Quiero decir que ni aún los
filósofos de la ciencia están de acuerdo para hacer progresar la ciencia de la
ciencia.
CF. Quiero poner de relieve tu mención del método semi-experimental. Por una parte, no puede haber ciencia, ni
método, sin interferencia de la propia mente humana. Necesariamente hay algo de subjetivo en la ciencia. En cierto sentido, la verdad científica es
un consenso de subjetividades.
Por otra parte, lo que comunmente
llamamos “experiencia” es siempre en parte una creación nuestra. Razonamos sobre algún fragmento de la
realidad que hemos aislado del resto del universo en función de criterios a
veces no declarados... y frecuentemente inconscientes.
JvG. Estoy de acuerdo con eso y quisiera reclacar por ejemplo que hoy en
dia no podemos afirmar que la teoría es anterior a la observación o ésta
anterior a la teoría.
El paradigma tradicional afirma lo
primero, es decir que se necesita la teoría para poder hacer
observaciones. Pero hoy en dia la
etnología y la antropología cultural
nos muestran que se necesitan observaciones antes de poder formalizar la
teoría.
Si eso es verdad y si la relación
entre teoría y observaciones no es unívoca, como lo suponen las ciencias
llamadas exactas, vamos a tener que modificar nuestra epistemología.
CF. Creo que el verdadero proceso del conocimiento es dialéctico de la
observación a la teoría, de la teoría a la observación, etc. ...en una suerte
de formalismo experimental
JvG. Pero cómo vamos a convencer a los científicos educados en el paradigma
tradicional para que acepten otras maneras de pensar?
CF. Creo que los científicos de todas las escuelas pueden admitir el
diálogo entre la teoría y la observación.
Pero el verdadero bloqueo está en el absolutismo de muchos de ellos en
cuanto a su certeza sobre la posibilidad de un conocimiento a la vez
enteramente objetivo y totalmente riguroso.
JvG. Que piensas si te digo que la verdad científica absoluta y la
objetividad no existen más?
CF. Es sencillo, pienso que nunca han existido, que siempre han sido
ilusiones cómodas. Pero no quiero decir
con eso que nuestro conocimiento no tiene valor, sino que tiene apenas un
significado relativo
JvG. En mi opinión no es posible que el científico, el investigador, sea
estrictamente objetivo. Hasta
cuando diseña su teoría, lo hace subjetivamente
CF. Es cuando más subjetivo es, dado que se encuentra en pleno proceso de
creación
JvG. En cuanto a la verdad científica, bien sabes que hemos ido de la
verdad absoluta de Descartes a la verdad probabilística del siglo 19
(Boltzmann) y a la verdad difusa de Zadeh
CF. Si, todo eso me parece evidente.
Lamentablemente este entendimiento no ha entra aún en la mente de una
gran mayoría de trabajadores científicos.
Están encandilados por los prometeanos y clamorosos éxitos de las
técnicas originadas a partir de las ciencias físicas...éxitos que ahora parecen
contener ominosas amenazas de las que no se tenía conciencia hasta hace poco;
amenazas que sorprenden y asustan
JvG. Como éxitos? Voy a darte un ejemplo en el que me parece que la técnica
ha fallado: la introducción de máquinas cosechadoras de tomates, inventada por el Departamento de Inteniería Agronómica
de una notable universidad norteamericana.
Previo a la introducción de la
máquina, se empleaban 200 personas por unidad de superficie plantada. Después se utilizaron nada más que 20; se
agregó además una m´quina que separa los tomates maduros de los verdes y se
redujo el grupo de trabajadores a 10 personas.
Por supuesto, la superficie
plantada y el rendimiento han crecido enormemente. El productor que financió el desarrollo de la máquina se anotó un
éxito rotundo, el costo del producto disminuyó considerablemente, aún teniendo
en cuenta el costo y la amortización de la máquina, y que el precio de los tomates en el mercado registró una cierta
baja
Todo eso parece muy
satisfactorio. Pero nadie trató de
enterarse de lo ocurrido con las miles de personas desplazadas por la
introducción de la máquina. No pienso
forzosamente que hay que dar marcha atrás.
La técnica no puede detenerse. Sin embargo, indirectamente la sociedad
entera debe pagar por el desempleo y por los problemas que sobrevienen a
quienes deben buscar nuevos empleos. Si
se hubiese encarado la cuestión en función del paradigma de sistemas, los
beneficios para el empresario hubieran debido considerarse en relación con los
perjuicios a los campesinos para determinar si, en el sistema global, la
introducción de la mecanización era beneficiosa y- eventualmente- en qué formas
convenía encararla
CF. Cuántos comentarios para hacer! Primero, tenemos que admitir que la
cosechadora de tomates es un éxito técnico:cumple con las expectativas de sus
promotores. Ahora bien, un éxito
técnico no produce inevitablemente un éxito económico. Y este último puede aún desencadenar un
desbarajuste social o político o inconvenientes ecológicos o psicológicos por
ejemplo. Los criterios del éxito deben
diferenciarse y además jerarquizarse.
En el estricto plano económico,
por ejemplo, la mecanización engendra los efectos siguientes (y unos cuantos
más): disminuye el poder adquisitivo de miles de trabajadores, desplaza a los
empresarios financieramente incapaces de adquirir nuevos equipos, modifica
consecuentemente el reparto de la tierra y tiende a provocar la concentración
de la propiedad agraria
También en el plano económico
queda por ver si el encarecimiento de los combustibles no reducirá, eliminará o
revertirá la ventaja conseguida por la mecanización. El agrónomo Pimentel y su equipo han publicado estudios sobre el
tema que causan perplejidad.
Socialmente, la producción masiva supone un consumo estandardizado ,
canalizado por medio masivos de distribución cuya meta principal no es la
satisfacción del consumidor, sino la ganancia máxima de los intermediarios. Es obvio que hoy en dia el consumidor está
siendo cada vez más manipulado y queda indefenso. Pero resta por ver por cuánto tiempo lo admitirá y qué nuevos
problemas podrán surgir de su disconformidad.
En síntesis, detrás de este debate
un poco extenso, perfilan problemas complejos que nuestras sociedades
hiperdesarrolladas incuban como enfermedades aún en buena parte invisibles,
pero no por mucho tiempo más. Por eso
creo contigo que es gran tiempo de revisar nuestros modelos mentales y olvidarnos
de la manera de pensar de Luis xv: “después de nosotros, el diluvio”, porque el
diluvio no será después de nosotros, parece que ya está empezando.
JvG. Comparto tu criterio. Cada vez
más, al intentar dar soluciones puramente técnicas a los problemas tropezamos
con dificultades insospechadas que no son de índole técnica y se muestran
rebeldes a este tipo de métodos.
Para ser más específico con el ejemplo de las cosechadoras de tomates, he aquí algunas de estas preguntas sin respuestas: quién va a buscar empleo para la gente desplazada por las cosechadoras?, qué tipos de empleos pueden encontrarse para gente del campo mal adaptada a una era tecnológica que requiere- por ahora- mecánicos en lugar de campesinos? Quiénes pagarán la ayuda a los desocupados y en qué bolsillos redundará el costo?
En comparación, por tomates
envasados un poco más baratos se deberá pagar impuestos al Estado para que
pueda aseguar un mínimo de bienestar social.
No es nada evidente que el cambio haya sido globalmente
beneficioso. Si hubiéramos encarado el
problema en el marco del paradigma sistémico, se habría tratado de ampliar el
horizonte para abarcar un mayor número de subsistemas en el sistema, y llegar a
una evaluación más balanceada
CF. Por cierto. Este tipo de planteos
técnico-económico-ecológico-social empieza a preocupar seriamente a algunos
economistas como por ejemplo: Edel, Daly, Mishan, Georgescu-Roegen, etc. Pero tropezamos con bloqueos
psico-sociológicos y conceptuales. El
productor de tomates vé el beneficio que puede proporcionale la cosechadora y
poco le importan las consecuencias negativas que no le atañen. Por supuesto su actitud será diferente si
mañana es él la víctima de la iniciativa de algún otro actor social. Como no perciben la totalidad del sistema,
la receta es perfecta para choques cada vez más confusos, violentos e
inevitables intereses contradictorios o, Pero tropezamos con bloqueos
psico-sociológicos y conceptuales. El
productor de tomates vé el beneficio que puede proporcionarle la cosechadora y
poco le importan las consecuencias negativas que no le atañen. Por supuesto su actitud será diferente si
mañana él es la víctima de la iniciativa de algún otro actor social. Como nadie percibe la totalidad del sistema,
es ésta la receta perfecta para choques cada vez más confusos, violentos e
inevitables intereses contradictorios o, en otras palabras, el caldo de cultivo
de una anarquía generalizada.
Aún en el terreno teórico, gente
convencida como nosotros, encontrará una resistencia enconada. Nos retrucarán por ejemplo que, para “solucionar
un problema de cosecha de tomates” (léase en este caso, para escapar a las
presiones ejercidas por los trabajadores rurales), no puede examinarse el
destino de todo el planeta. Y es
cierto. Entonces, qué hacemos?
JvG. Es evidente que no podemos abarcar la totalidad de los subproblemas,
pero como lo dijo Churchman, en cada problema están todos los problemas.
Cf. Perdóname, pero si bien eso es
cierto, no aporta solución práctica alguna a la dificultad planteada. El límite del estudio debe ponerse en alguna
parte. Entonces, dónde y cómo lo
ponemos?
JvG. Por lo menos más lejos de lo
que se hizo hasta ahora. Desechemos la
miopía y el triunfalismo de las soluciones inmediatas y a mano. No hay soluciones simples a problemas
complejos. Tenemos por lo tanto que
encarar la complejidad en su realidad más amplia y en compatibilidad con
nuestro entendimiento racional.
CF. Sigo intranquilo. Pienso que no
podemos quedarnos en generalidades vagas.
Creo que necesitamos algún método-guía para definir los límites idóneos
o convenientes de nuestro estudio. Y
creo que tú mismo nos propones precisamente eso. Es por un lado el paradigma del metasistema
y por otro la distinción entre varios niveles de estudio y de acción
JvG. Las organizaciones que nos rodean, ya sea en el sector público o el
privado, son entidades caracterizadas por su estratificación en niveles. Las relaciones entre esos niveles han sido
estudiadas tradicionalmente por los teóricos del Managemente pero no han
profundizado los efectos de esta diferenciación sobre la circulación y el
tratamiento de la información relevante en cada caso, ni sobre las tomas de
decisiones en cada nivel
CF. Esta falla ha sido muy bien
estudiada por el francés Bruno Lussato
JvG. Por ejemplo, en una empresa privada, es frecuente que haya tres o
cuatro niveles y tenemos amplio conocimiento de la manera en que los niveles se
jerarquizan. Al contrario, cuando se
presenta un problema en el cual entidades públicas tienen que cumplir con
alguna responsabilidad, no existe formalización de los roles respectivos, de
cómo circula la información, a quiénes les corresponde eventualmente cargar con
las culpas. Esto se torna agudo en
tiempo de crisis. Un ejemplo típico ha
sido en USA el accidente de la Central Nuclear de Three Miles Island. Si uno trata de identificar las entidades u
organizaciones responsables de la buena marcha y seguridad de la central, se da
cuenta que son muchas y que las responsabilidades se diluyen y confunden.
Intervienen: la compañía
productora, la comisión atómica encargada al menos en parte de controlar la
construcción, la operación y el mantenimiento de la central, numerosas
entidades del Estado de Pennsylvania encargadas de funciones específicas, como
ser la producción de energía, la salud, el control meteorológico de la
dispersión del aire contaminado, los servicios que administran las aguas, los
que controlan los productos agrícolas, etc.
También intervienen entidades federales que tienen las mismas o paralelas
responsabilidades en el nivel nacional.
La legislatura del Estado de Pennsylvania y el Congreso Nacional- a su
vez dividido en múltiples comisiones especializadas- tienen también que
ver. Te das cuenta que desentrañar lo
ocurrido, asignar responsabilidades y culpas y modificar procedimientos, leyes
y reglamentos para que eso no ocurra de nuevo, se torna un conjunto de
problemas prácticamente insoluble. Pasa
lo mismo por ejemplo en el caso de los accidentes aéreos o cuando se hunde un
petrolero. El hombre no sabe organizar
sus propias organizaciones, ni darles coherencia
CF. Eso tiene varias causas. La primera y fundamental es la enorme
complejidad que resulta del crecimiento desordenado y acelerado de todas las
actividades humanas. Se generan
situaciones aparentemente inextricables, que se pretende solucionar con métodos
inadaptados. Unos buscan la receta
sencilla que les ahorrará una reflexión profundizada y -según creen- una buena
cuota de tiempo y esfuerzos. Si no se
la ofrecec, se consideran frustrados y engañados. Algunos murmullos aislados,
en este sentido, llegaron a mis oídos aún durante tu seminario. Otros se refugian en la selva
burocrática. Multiplican las
instancias, en forma incoordinada y el exceso de organización formal no
integrada y abusivamente redundante genera por feed-backs repetidos un desorden
creciente. Más reglamentos generan más
controles fragmentarios, cuando no inconexos o antagónicos y dan resultados
cada vez menos efectivos
JvG. …y generan más posibilidad de fallas
CF. En resumen, la confusión imperante en la práctica es un reflejo de la
confusión que reina en las mentes. Como
lo dice Ackoff, “the mess is the problem”.
Estamos hundidos en un
“sistema de problemas”
JvG. Estamos todos de acuerdo que ni la TGS, ni el paradigma metasistémico
son panaceas. Pero el primer paso a dar
es tomar conciencia de que el problema existe, el segundo es tratar de
formalizarlo a fin de proceder a su estudio.
Cuando aplicamos el paradigma al
problema de Three Miles Island por ejemplo, salta a la vista que las jurisdicciones
de las entidades involucradas se superponen y son mal identificadas. Así, todos y nadie se ocupan de todo y de
nada. Cada uno puede, en consecuencia,
rehusar sus responsabilidades. ¿Cómo
podemos esperar que de esta manera las cosas marcharán bien?
CF. Debo decir que a diario me sorprende que no marchen peor. Ahora bien, sigo pensando que en la
práctica, aún armados con conceptos sistémicos claros, no va a ser fácil
remediar estas complicaciones, porque la confusión es conceptual, está en la mente
de la mayoría de la gente, incluso en la medida en que es conciente y
reflexiona. Por otra parte, sería
totalmente antisistémico caer en el mesianismo conceptual. Entonces, después de reorganizar nuestra
propia mente- tarea ya ímproba en sí misma- debemos poner a disposición de los
demás- pero no imponer- elementos conceptuales y de juicio en forma simple y
asimilable. No va a ser fácil!
JvG. Reina una desconfianza creciente en la gente pues sabe que muchas
promesas de arreglar los problemas no se cumplen en la realidad. Después de cada accidente se promete que no
habrá otro, y sin embargo sabemos que hay una enorme diferencia entre
investigar un caso preciso determinando las causas de una falla y solucionar el
“problema de las fallas”
Así vamos de crisis en crisis,
explicando siempre a posteriori porqué hemos perdido la batalla más reciente
CF. Los sistemistas debemos evitar eso.
Sin prometer nada, invitando al mayor número posible de personas a
colaborar; debemos esforzarnos para elaborar un método de organización de las
organizaciones, o sea descubrir porqué estamos mal organizados, qué es la buena
organización y cómo debemos modificar nuestros conceptos y modelos para
alcanzarlo. Por eso sigo pensando que
contribuciones como las de Ashby, Miller, Ackoff, Beer, Checkland, Lussato, así
como las tuyas abren el camino hacia soluciones
JvG. Al menos se va progresando. No
es casualidad que en distintos países, centros universitarios y educacionales
hayan introducido los conceptos sistémicos en distintos niveles. En Europa en especial se nota un movimiento
más amplio en este sentido. Por ejemplo
la “Open University” del Reino Unido, que dispone de toda la red nacional de televisión,
dicta cursos a distancia entre los cualeos los programas sobre Sistémica son
famosos. Podemos citar varios otros
centros: la Universidad de Lancaster (Checkland), la Universidad de Groningen
en los Países Bajos (De Zeeuw), el Centro de la Universidad de Aix en Provence,
Marseille, Francia (J.L. Lemoigne), el Centro de la J. Kepler Universität de
Linz en Austria (Hanika y Pichler), el de la Universidad de Stockholm en Suecia
(K. Samuelson), el de Bruselas (I. Ansoff) y en especial el IIASA en Laxenburg,
Austria, que agrupa en el estudio de los sistemas a profesionales de 16 países
tanto del Este como del Oeste
CF. Podrían agregarse otros como el Grupo Systema en Francia, el Systeem
Groep Netherland de los Países Bajos.
Pero sigo pensando que es una carrera contra el tiempo. Me pregunto qué llegará primero: algún
desastre global costando millones de vidas, o la puesta en vigencia de los
métodos propios para evitarlo. Me
siento intranquilo porque la historia nos enseña que el hombre aprende
generalmente por obra de las catástrofes…y aún no siempre, ni por mucho
tiempo. Pero sin ser derrotistas
tenemos que reflexionar y actuar en común con todos aquello que van tomando
conciencia y están dispuestos a preocuparse.
Creo que tal ha sido el sentido
esencial del seminario que nos dirigiste en la Sociedad Científica Argentina
JvG. Si aplicamos el paradigma de metasistema podemos identificar mejor los
distintos niveles de la acción; ver cómo se encara un problema en un nivel
definido, descubrir las variables importantes para los que trabajan en ese
nivel y la naturaleza de sus interrelaciones con las variables de los otros
niveles. Los problemas y sus soluciones
tienen que formularse de manera distinta para cada nivel
CF. En efecto. No podemos pedir al
operario que tenga un cabal entendimiento del nivel táctico, o estratégico o de
metapolítica. Tampoco el presidente de
la empresa puede estar enterado de cada detalle. Pero, sin embargo, la coordinación debe no sólo existir, sino ser
suficientemente sólida para evitar las incoherencias
JvG Los problemas de cada nivel son específicos, pero también parte del
problema global. El operarario debe resolver sus problemas inmoediatos,
sincronizar con el tiempo de su máquina.
El capatz tiene que manejar la organización de su equipo eficazmente. El gerente se ocupa de la obtención y utilización
coherente de todos los recursos necesarios a la ejecución del programa
establecido. El presidente, quien establece ese probrama, tiene que elaborarlo
en función del marco de su industria en general, de la economía sectorial,
nacional y eventualmente mundial. Esto
fue dicho mil veces, por supuesto. Pero
en la práctica, por falta de verdader entrenamiento en cada nivel, todo sigue
haciéndose sin observar ningún programa coherente que relacione correctamente
todos estos subproblemas. Los
resultados están a la vista en todas partes
CF. Has hablado sobre “tiempo de la máquina”. La expresión me induce a pensar que existe un tiempo que
corresponde a cada nivel. Korzybski
dijo que el hombre es un totalizador (o
“ligador” temporal). Me parece que
existen varios niveles en esta capacidad de ligar el tiempo. A medida que vamos ascendiendo en la
dimensión de los subsistemas o sistemas que hemos de manejar, necesitamos
también una mayor capacidad de entender una cantidad de hechos y situaciones
que abarcan un mayor período. Sólo los
que “viven en el tiempo” de una manera muy amplia, me parecen aptos para la
administración de grandes organizaciones complejas. En cuanto a los “resultados prácticos” a los cuales te refieres,
a lo mejor los inconvenientes y problemas tienden a generar el tipo de niveles
que se necesitan.
Un ejemplo me parece darlo la
reorganización de la producción de acero en la Comunidad Económica
Europea. Hasta 1950 más o menos la
problemática máxima del nivel cumbre en cada empresa era simplemente cómo
conquistar una mayor proporción del crecimiento futuro del consumo, y eso
generalmente al nivel solamente nacional.
Esta actitud se basaba en dos postulados implícitos: el primero, la
“nacionalidad” del acero, fue superado cuando se introdujo la Comunidad Europea
del Carbón y del Acero en 1954, si mal no recuerdo. Las dificultades de
integración pudieron sobrellevarse porque se mantenía el crecimiento mundial
del consumo. Pero este era el segundo
postulado, que quedó confirmado a partir de 1974. Además, la regionalización europea con mundialización del consumo
se encontró ahora enmarcada en la mundialización de la producción. El resultado ha sido una tremenda crisis de
sobreproducción europea que nadie había previsto porque nadie advirtió el
necesario cambio de nivel de la visiópn metapolítica global. No hubiera sido además práctico preocuparse
por ello en el corto y mediano plazo, o sea en tanto que se podía vender cada
vez más acero.
Pero lo interesante es ver cómo
reaccionó la CEE. Se encargó a un alto
funcionario el reordenamiento de toda la industria siderúrgica europea. Después de consultas y estudios se tomaron
varias decisiones en vista a reducir la producción total, a practicar una política
común definida de precios, a definir quién iba a producir qué, etc. En síntesis, el nivel de las metapolíticas
incorporó las problemáticas de la mundialización y del estancamiento
relativo. Pero lo hizo en una forma tal
que los dirigentes de empresa que no habían sabido preverlo, perdieron el
control de las metapolíticas que pasó a manos de un contralor de nivel
superior. El próximo paso es ya obvio:
una autoridad mundial del acero. Resta
por ver cuándo y en qué circunstancias, condiciones y formas aparecerá
JvG. Claro que la incoherencia se paga caro. Todavía existe en las empresas privadas un cierto autocontrol
porque el castigo de la quiebra está siempre suspendido como una amenaza. Pero en muchas administraciones
constitucionales, la falta de claridad en el concepto de la organización lleva
a un alto grado de inoperancia de las políticas adoptadas y la única sanción
bien visible es una caleidoscópica sucesión de líderes con políticas
contradictorias.
En realidad, es la sociedad en su
totalidad quien paga el costo de su propia confusión.
Sintetizando, insisto en que el
único remedio posible, a mi criterio, es aprender cómo organizar nuestras
organizaciones para hacerlas eficientes sin hacerlas opresivas. Esta es mi principal motivación.
CF. Nuestro Grupo de Estudio, el
Instituto de Cibernética y la Sociedad Científica Argentina, así como los
participantes al Seminario, estamos muy satisfechos con este encuentro y
agradecemos tu valioso aporte, esperando también haberte sido útiles.
Buenos Aires, 31 de julio de 1980